Yo, reposaba sobre el quicio de la puerta de la habitaciónAquella noche, te mire después del Placer y las empalagosas melodías del Amor, estabas aun dormido, tenías una mano en el dorso y la otra en la almohada, tus piernas estaban ligeramente abiertas dejando a mi imaginación tu figura de angel. Me acerque lentamente a ti para posar un tierno beso en tu mejilla.
Te susurre casi como un pensamiento peleando por salir y gritar-Me he enamorado de ti… ¿Cómo decírtelo?
Nos hemos convertido en socios, si, socios de una grande empresa, tenía que alejarte de mi, alejarte de mi estación lunar y no dejar que mi corte celestial, la que me esta de mi parte, te susurrara lo que yo con cursi desfachatez había logrado contarte en profundo secreto. La tormenta que caía esa noche o el delicioso olor del café te había despertado sutilmente, te frotaste los ojos y te alborotaste aún más el cabello. Yo me recargaba sobre el quicio de la puerta de la habitación, y con tu voz ronca, me dijiste -¡Hola Amor, que linda estas de rosa! –
Con los brazos estirados me llamo a su lado y al unísono, soltamos lo que casi vomitamos de desesperación. Me he enamorado de ti…silencio total. En ese momento me sentí como Alicia en el País de las Maravillas, en un mundo lleno de ilusiones y espejismos. Estábamos embarcados en una misma historia, en un mismo viaje y compartiendo una misma aventura; el SHOK aun continuaba. ¿Amnesia sufrida por los dioses? ¿Casualidad? ¿Causalidad? ¿Broma de la vida? O ¿simplemente Amor? Juntos, seríamos capaces de volver a descubrir la magia que produce el canto de los grillos en las noches de verano o el de las cigarras, ebrias por el calor, a la hora de la siesta. Al parecer la perfección de los sentimientos era posible, y más aun el Amor existía, así que, en respuesta de ambas declaraciones nos envolvimos en un abrazo fuerte y sin ganas de soltarnos, mi Cama era testigo de eso, no se conformaba con ser mi cómplice en el Placer.
Como no decírtelo si eres alguien especial para mi, sumándole a esta situación bizarra la casualidad de nunca haber pensado en ti como una distracción, siempre te había demostrado lo importante que eras para mi y aunque a veces era indiferente, siempre estuviste presente en mi mente. No te puedo sacar de mí. La vida merece la pena aunque sea un solo instante. Un pequeño instante.
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